Precio de los inmuebles: repensar los paradigmas

Parece que la sensación de optimismo en el ambiente de los desarrollos inmobiliarios, de la que se habló en estas páginas, no se trasladó todavía al sector de la comercialización de inmuebles en la ciudad de Buenos Aires. Según el Indice de la Cámara Inmobiliaria Argentina (CIA), en enero de este año se registraron sólo 1.723 operaciones, una cifra más baja a la del mismo mes en 2014 –que fue el año con el menor nivel de actividad en 35 años– y un 65% por debajo del estándar de operaciones antes del llamado “cepo cambiario”.

Curiosamente, este parate no se refleja en una baja de precios. De hecho, el índice muestra una suba del 0,73% en los valores de venta de inmuebles y del 31.9% en los alquileres, si se compara con los primeros meses de 2014. Pero se observa que son las unidades de uno y dos ambientes, las que, al no bajar su cotización sino más bien lo contrario, determinaron un alza interanual del 0,73%.

De todas formas, en el informe se señala que esta suba corre bastante por detrás de la inflación, y con cinco meses de dólar estable. Pero, en comparación, los valores locativos subieron el 31,9% en un año, es decir que lo hicieron en forma parecida a la inflación, como un bien más de consumo.

Es síntesis, una instantánea según la cual una depresión del mercado no consigue hacer resignar la avidez de rentabilidad.

Pero, si la crisis es también oportunidad, del informe se desprende la conclusión de que este es “un buen momento para repensar los paradigmas y las prácticas ”, del sector. En este sentido, el arquitecto Marcelo Satulovsky, director de Investigaciones de la Fundación de Estudios para el Desarrollo Inmobiliario (FEDI) y responsable también de la edición del Indice, advierte sobre la necesidad de “rediseñar los modelos que pautan la actividad, definidos para condiciones que ya no son ”.

Así, en la opinión del director del FEDI, es necesario cuestionar el abuso de ciertos mecanismos como fideicomiso al costo, donde los compradores son los que financian la obra, en lugar de “desanudar los grandes nudos que impiden hoy una forma de financiación genuina y con riesgo empresario”.

A modo de ejemplo, opina que cada eslabón de la cadena tiene su cuota de responsabilidad, por ejemplo, en el hecho de “convalidar o no un precio delirante de la tierra”, sin duda uno de los grandes males.

Pero Satulovsky señala que es también –o mayormente– responsabilidad de los arquitectos, en tanto proyectistas de productos inmobiliarios. “El hecho de construir sólo para invertir, como refugio del valor, como si se tratara de un simple bono en ladrillos, trajo como consecuencia la producción en serie de inmuebles como commodities. Lo que hay que hacer es volver a pensar qué es una casa para esta época, incluso desde el punto de vista antropológico”, asegura.

Al menos, opina que los arquitectos deberían tener algo que decir sobre el hecho de que en el Norte de la CABA se hayan construido 52.000 unidades casi uniformes para un incremento de sólo 1.800 habitantes, según los censos.


Fuente: arq.clarin.com